El Calendario Lavazza 2026 se abre este año con las fotografías de Alex Webb. Una elección que, a primera vista, puede resultar sorprendente. Alex Webb es uno de los grandes referentes de la fotografía de calle contemporánea, un autor asociado a proyectos personales, al color complejo, a la narrativa urbana y al tiempo largo. No es, precisamente, el perfil que uno imagina cuando piensa en una campaña publicitaria global.
Y sin embargo, ahí está. No es un caso aislado, aunque sí poco habitual. La realidad es que las marcas rara vez confían su comunicación visual a fotógrafos de calle. La publicidad suele moverse en terrenos más controlados, más previsibles, donde la estética está al servicio del mensaje y no al revés. Por eso, cuando sucede, merece la pena detenerse y observar qué está pasando.


A lo largo de los años ha habido excepciones significativas. Gucci, por ejemplo, recurrió en el pasado al reciente desaparecido Martin Parr, para romper con los códigos clásicos de la fotografía de moda. Su mirada irónica, incómoda y profundamente humana encajó precisamente por ser distinta, por no parecer publicidad. Peter Funch que nos sorprendió con su excelente serie “42 y Vanderbilt” llevó su aproximación conceptual y urbana a encargos para la aseguradora AXA. Nick Turpin del colectivo In Public ha trabajado para marcas como IBM o Banco Santander sin abandonar del todo su lenguaje visual ligado a la calle. Incluso Harry Gruyaert, demuestra cómo una mirada formada en el espacio público puede dialogar con grandes firmas como Hermès.


Todos estos ejemplos tienen algo en común: no responden a una tendencia masiva, sino a decisiones muy concretas. Son marcas que, en momentos puntuales, han entendido que la calle aporta algo difícil de fabricar en un estudio: ambigüedad, contexto, imperfección y una sensación de verdad.
La fotografía de calle no es, ni será, un camino directo hacia el encargo publicitario. Pero eso no significa que sea incompatible. En ocasiones, un portfolio sólido, reconocible y honesto puede llamar la atención precisamente por no parecer pensado para vender nada.
Es cierto que la fotografía publicitaria es, en muchos casos, la que permite vivir de la fotografía. Y asumir un encargo no implica necesariamente renunciar a una mirada personal. El riesgo está en diluirla; la oportunidad, en que sea esa mirada la que motive el encargo.


Si trabajas la fotografía de calle, el escenario publicitario puede parecer lejano o incluso imposible. No es lo normal. Pero casos como el de Alex Webb y Lavazza recuerdan que, a veces, la calle también encuentra un resquicio en el mundo de las marcas. Y cuando ocurre, suele ser precisamente porque no deja de ser calle.





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