Proyecto fotográfico sí, proyecto fotográfico no, he ahí la cuestión

Debatía días atrás con mis compañeros de La Calle es Nuestra, sobre la necesidad, o no, de trabajar en proyectos personales. Tras un ameno intercambio de opiniones sobre el tema, llegué a la conclusión, de que esa necesidad personal no era del todo compartida y eso me llevó a escribir estas líneas.

Parto de la base de que trabajar en proyectos personales, no es ni mejor ni peor, que trabajar en series o fotos individuales. Elegir una u otra forma de trabajar la fotografía callejera va más implícita a la naturaleza de cada fotógrafo y sobre todo a una necesidad propia y/o momento personal.

Desde finales del 2017, mi “yo fotográfico” me invita constantemente a trabajar en proyectos. Pero, no por ello olvido la toma de fotografías individuales y/o las series, pero
fundamentalmente me estoy centrando en proyectos.

En Septiembre, comenzaré con la “fase de toma fotográfica” en 3 proyectos simultáneamente, para los cuales llevo unos meses preparándome, investigando bibliografía, buscando por internet, planificando y concretando ideas. El hecho de simultanear tres proyectos me da la posibilidad de no quemarme con uno sólo. Poder escapar y alejarme mental y físicamente de uno u otro a conveniencia, me ayuda para concretar ideas, oxigenar y reposar conceptos.

Es una forma muy diferente a trabajar a la que solía hacer. Antes salía a la calle a dejarme sorprender por el escenario callejero. Ahora salgo a la calle con ideas fijas. Eso es bueno o no, depende. Focalizo mucho más el disparo, pero no estoy atento a otras circunstancias a las que antes si estaba. Digamos que ahora, usando el símil, mi cabeza y
esquema mental trabajan más con un teleobjetivo, mientras que antes lo hacían con un gran angular.

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Extraída del proyecto 73.1. Rodrigo Roher. 2018.

En concreto uno de los tres proyectos lo he planificado con un tiempo de realización de dos años. Es la primera vez que me planteo un trabajo fotográfico de tal magnitud y con tanto tiempo de realización. Acostumbrado a salir a fotografiar por el puro placer de fotografiar, trabajar en proyectos me obliga a tener un mayor grado de implicación y pensar más a largos plazos, alejado de la inmediatez a la que estaba acostumbrado.

Pero, ¿Por qué hacer un proyecto? Para mí, como dije antes, responde exclusivamente una necesidad personal, casi vital en mi trayectoria fotográfica. Necesidad de ir un paso más allá, de profundizar en conceptos o ideas que me han ido surgiendo durante los años que llevo practicando la fotografía de calle.

No defiendo el proyecto por encima de otros métodos de trabajo. Cada uno que trabaje como mejor le funcione. Mi poca experiencia en el trabajo con proyectos, me ha gustado y me ha dado notables satisfacciones personales y algún que otro reconocimiento en concursos. Por ello, y por lo que me aporta, soy defensor del proyecto, pero no lo soy menos de las fotografías individuales, como entidad propia y autosuficiente.

¿El proyecto es para todo el mundo? Sí. Para todo el mundo que tenga ganas de trabajar en un concepto, idea… y que quiera verdaderamente profundizar en ello. Pero si tienes la más mínima duda, no lo hagas.

¿Es necesario trabajar en proyectos? Creo que he ido respondiendo a esto de manera implícita. Rotundamente, no. Hay decenas de grandes fotógrafos que no trabajan ni trabajaron nunca en proyectos. Aunque, en muchos de estos casos, me atrevería a decir que el trabajo fotográfico de estos grandes autores conforma un gran proyecto personal o como yo he llamado, un Proyecto de Vida.

¿Qué diferencias hay entre un proyecto y una serie? Son conceptos que tendemos a confundir. Podemos decir, en términos generales, que el proyecto fotográfico es la representación y materialización de una idea, concepto o hecho, a través de unas imágenes que conforman un todo. El proyecto implica un estudio previo, una investigación, planificación, experimentación, una toma fotográfica, edición y una idea clara de cuál/es serán los soportes finales del proyecto.

La serie es una sucesión de fotografías con una estética o tema concreto, pero que carece de la profundidad del proyecto. Podemos decir, que muchos grandes proyectos tienen su
origen en series fotográficas. Para trabajar en proyectos, la herramienta fundamental que te puedo aconsejar es el bolígrafo y el bloc de notas exclusivos. En el bloc, deberías de ir apuntando las ideas, esquemas, páginas webs, bibliografía, planificación/tiempos etc. No dejes nada al azar, ni deposites demasiada confianza en tú memoria. Créeme, tendrás ideas geniales que si no apuntas esfumarán de la misma manera que llegaron. Otra herramienta que me está ayudando mucho es una pizarra blanca grande con rotuladores de colores. En ella voy apuntando ideas y conceptos importantes, y me dan una visión general del conjunto.

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Extraída del proyecto Marcus. Rodrigo Roher. 2018.

Resumiendo, Proyecto si o proyecto no. Como he venido comentando, es una cuestión muy personal. A unos les ayudará, como es mi caso, a otros no les aportará nada o simplemente les dará pavor o pereza tener que planificar sus salidas fotográficas. Cada uno que opte por lo que más le convenga o por lo que le pida el cuerpo en cada momento. Lo más importante para mi, es seguir fotografiando y aprendiendo cada día. Aunque hemos afirmado muchas veces en LCEN, que todo está inventado en la fotografía callejera, creo que aún queda mucho por hacer y muchas maneras de retratar y mostrar al mundo. Una de ellas es nuestra propia visión del mundo. Por todo ello, mientras te interese a ti mismo esta visión y disfrutes, y por consiguiente te diviertas con ello, no ha de preocuparte el resto. El proyecto fotográfico puede ayudarte en ese objetivo de aprendizaje continuo y a seguir disfrutando de la fotografía callejera.

Si queréis profundizar más en el tema, os recomiendo la lectura del libro: “El proyecto
fotográfico personal” de Rosa Isabel Vázquez López. (FotoRuta. JdJ Editores. 2017).

Rodrigo Roher

6 comentarios sobre “Proyecto fotográfico sí, proyecto fotográfico no, he ahí la cuestión

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  1. Soy un firme partidario de trabajar por medio de proyectos, en general, en Fotografía. Son los que permiten centrarse de forma eficiente en un tema y desarrollarlo con profundidad. Además, el hecho de disponer de una buena cantidad de imágenes hace que la edición sea mucho más complicada, y por tanto, mucho más exigente, haciendo que las fotografías seleccionadas tengan argumentos de peso para estar ahí. Al final son las que van a ser mostradas al público.

    Disparar sin ningún criterio puede hacer que uno acabe o bien repitiendo estéticas y recursos totalmente manidos y vistos hasta la saciedad, o bien provocar una relajación en términos de edición, considerando que todo el material es suficientemente bueno (o peor, considerando que es realmente destacable), y por tanto rebajando la calidad de las imágenes a todos los niveles (narrativo, técnico y compositivo) hasta llegar a fotografías mediocres, insulsas y vulgares.

    Considero que el trabajar con un proyecto en mente es sinónimo de madurez fotográfica. No estoy de acuerdo con esta afirmación: “Hay decenas de grandes fotógrafos que no trabajan ni trabajaron nunca en proyectos”. Si bien, sí estoy de acuerdo con la matización posterior: “Aunque, en muchos de estos casos, me atrevería a decir que el trabajo fotográfico de estos grandes autores conforma un gran proyecto personal o como yo he llamado, un Proyecto de Vida”. No hace falta estudiar y documentar de forma exacta lo que se quiere fotografiar a posteriori. Igual ni siquiera existe información sobre ese tema. Basta con tener una idea que se quiere desarrollar y trabajar alrededor de ella. En muchas ocasiones son las propias inquietudes del fotógrafo el tema que está buscando documentar/fotografiar. Como Koudelka y su Exiles… no hay un tipo de fotos concreto, parecen imágenes sueltas (en ocasiones lo son) pero que cuando se compilan en un libro y se visualizan en una secuencia adquieren cuerpo con entidad suficiente como para saber que tenían que ir de la mano, que son un proyecto en sí mismo ya terminado.

    Lógicamente tener un cuaderno donde plasmar estas ideas ayuda, pero después de haber acudido a algunas charlas de fotógrafos de Magnum (por poner un ejemplo de fotógrafos de renombre), la mayoría de ellos tienen una idea y una fecha para terminarla. Se centran en esa idea y trabajan sobre ella con un plazo de tiempo. Y nada más.

    En cuanto a la fotografía de calle, hoy día está todo tan visto y repetido que es complicado innovar… considero que la única forma de hacer algo distinto es precisamente este enfoque que comentáis en la entrada (Un proyecto). Conformarse con las fotografías del día a día llevando la cámara encima sólo produce, en mi opinión, montones de imágenes que no dicen nada ni tienen el peso suficiente como para ser destacadas de ninguna manera. En la calle ocurren cosas, obviamente, pero no basta con salir con la cámara y disparar montones de imágenes. Alguna seguramente sea decente y merezca la pena, pero la edición es una de las tareas pendientes en general entre los fotógrafos aficionados, que no exigen, en general, que sus imágenes tengan suficiente fuerza antes de ser mostradas. No es suficiente con que la fotografía te guste (algo totalmente lícito, es mi fotografía), sino que como todo arte, debería tener cierto interés para el que la visualiza, por lo tanto hay que ser exigente con uno mismo antes de lanzarse a mostrarla al mundo.

    Hoy día, las redes sociales (principal fuente de inspiración fotográfica para los aficionados) están rebosantes de imágenes que no perduran en la memoria más de dos segundos. Esas son, en mi opinión, las que hay que tratar de evitar a toda costa.

    Saludos.

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  2. Amigo Yago, amén. Sólo una matización, considero necesaria (para mi) la toma de notas y plasmación de ideas en un bloc, me ayudan. No estoy tocado por la “varita de Dios” como algunos de esos grandes de Magnum. 😉 Un abrazo.

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  3. He reflexionado bastante sobre este tema y me parece que es inevitable que el avance y madurez en fotografía nos lleve, explícitamente o implícitamente, a crear proyectos, que por fuerza dirán mucho más de nosotros que simples fotografías sueltas.

    Al final, si aceptamos que la fotografía es un lenguaje, y creo que ahí nos vamos a poner todos de acuerdo, y cada vez somos más duchos en la manera de articular ese lenguaje, la evolución natural es empezar a dejar de decir “frases sueltas”, o chistes, y acabar por escribir páginas, o hacer ensayos.

    Si queremos hablar, por ejemplo de los americanos, tenemos que tener una voluntad de “ir más allá” que simples fotografías “buenas”. Conocemos el proceso de edición de ese libro, y sabemos que, como no podía ser de otra manera, quedaron muchísimas fotos enormes tiradas en pro de escoger aquellas que describían, como creía el fotógrafo, la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX. Seguramente foto por foto es mucho mejor una Maier que un Frank, pero para explicar, o al menos dar su versión, era mejor el segundo.

    Luego podemos discutir si en fotografía de calle las imágenes deben de funcionar individualmente, que yo creo que también. Y por supuesto podemos poner como ejemplo fotógrafos enormes que no tuvieron proyectos fotográficos (de hecho ninguno de mis favoritos) pero como muy bien decís su obra por sí misma sería ese “proyecto vital”.

    También hay otra cosa… Uno puede tener la capacidad de dar un discurso. Escribir frases pomposas. Hablar durante 20 minutos sin decir nada. Es decir que aquí tendríamos, por una parte, que saber hablar bien, y por otro lado tener por decirlo de alguna manera un “argumentario”; tener una opinión formada sobre lo que queremos decir y expresarlo bien. Lo ideal sería que el “escritor de imágenes” tuviera las dos cosas. Pero si hubiera que escoger, mucho, mucho mejor tener más de contenido que continente. No sé si me explico.

    Y otra cosa (bueno hay muchas, pero el espacio de este comentario y mi tiempo son finitos 😀 ) muy recomendable. Intentar tratar desde dentro aquello de lo que queremos hablar. Es decir, citando algunos casos conocidos: si quieres hablar sobre los americanos no deberías hacerlo desde la lejanía. Habría que mezclarse con ellos. Ser uno de ellos, aunque tu visión sea la de un suizo al que le repugna mucho de lo que ve. Si vas a fotografiar pastores y describir la transhumancia lo recomendable sería viajar como viajan ellos una temporada. Porque entonces tus fotografías no serán las de un urbanita que fotografía lo que le parece más pintoresco o exótico, sino que irán más allá. Y como estos podrían ponerse decenas de ejemplos. Fotografiar desde la proximidad.

    En mi caso aún estoy balbuceando mis primeras frases, así que lo de los proyectos, por el momento, me queda muy muy lejos hehe! Pero que conste que hablo por el conocimiento que han transmitido algunos fotógrafos que he leído o escuchado.

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  4. Es algo a lo que llevo dándole vueltas: para mí, la fotografía callejera es un hobbie y como tal lo practico por puro placer… pero sin un fin concreto más allá de la pura diversión, algunas veces termino perdiendo la ilusión y preguntándome: ¿tanta fotografía, para qué, para ganar seguidores en la red social de turno?

    No sé, quizá es que espero más de lo que debería. Imagino que, muchas veces, obtendría mucho más si esperase mucho menos.

    ¡Un saludo!

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