Voy a Publicarla

Capturar escenas de rutina se ha convertido en una forma de vida para mí, es una vía de escape, un viaje a la introspección y una chispa de adrenalina que me da la vida. Utilizo la fotografía como terapia y como herramienta de expresión. Gracias a ella consigo evasión y conexión.

Conozco cómo se comporta la luz, voy adaptándome a cada estación y tengo muy claro las calles por las cuales caminar, dónde está el contraluz, cuándo el sol abrazará una esquina o a qué hora las ventanas se reflejan en la acera.

Las emociones también son mi guía; desde la nostalgia hasta la ilusión… camino, observo, espero… sólo tengo que encontrar la escena para sentir esa química que algunos conoceréis bien, esas fracciones de segundo en las que se alinean los planetas y fluyes en cuerpo y alma con ellos, esa adrenalina que alimenta la creatividad del fotógrafo.

Sólo pienso en la foto, en captar el momento, sin preocuparme de a quién estoy fotografiando:

Tienes la foto y con ella se para el mundo.

Tienes la foto, pero no has pedido permiso a esa persona para hacerla…

Entonces viene Pepito Grillo a echarte el pulso. ¿Vas a publicar esa foto?

Sabes que estás utilizando a una persona, para contar una historia que no es la suya.

Sabes que en este país no está permitido fotografiar a alguien sin su consentimiento.

Sabes que no te gusta que te hagan fotos… ¿por qué las haces tú?

Pero también sabes que la ética del fotógrafo es la de la persona, sabes que no quieres denigrar a nadie, sabes que si esa persona se reconociera no tendrías problema, que jamás se sentiría ofendido.

Sabes que no hay burla, no hay mala intención, no hay ninguna maldad en tus fotos.

 

Voy a publicarla, sí.  Mi experiencia me dice que sí.

 

Así es como conocí a Ben: alguien a quien fotografié en la calle, alguien que se reconoció en la foto, alguien que me regaló un buen puñado de ilusión.

Yorokobu publicó una serie de ocho fotos, una visión de Navidad por los miembros de La Calle es Nuestra. Mi foto era la imagen de un chico solitario cargado de maletas cruzando la plaza de Callao, hacia el metro. En mi cabeza era el año nuevo cargado de proyectos y nuevas sensaciones; próxima parada… 2018.

El chico se reconoció y escribió en un comentario la ilusión que le había hecho. Contacté con él. En primer lugar le dije que si no le gustaba la eliminaría sin problema, pero estaba encantado, así que le cité en el mismo punto donde tomé la foto y le llevé una copia.

Este es Ben.

No tengo palabras para expresar la satisfacción que sentí en ese momento, cómo la fotografía de calle puede regalarnos historias tan bonitas como esta.

Así que sí, voy a publicarla.

Irene Fabregues
Irene Fabregues

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